hinchada

Desde 1982 estamos sufriendo caída tras caída, eliminación tras eliminación y nos consolamos con uno que otro logro en el camino con nuestra Selección.

Estuvimos muy cerca de clasificar al Mundial en 1986, luego en 2002 también rozamos la gloria. Ahora, en este 2009 estamos a 90 minutos de la histórica clasificación a esa tan ansiada Copa del Mundo que muchos ni siquiera hemos tenido el gusto de vivir como sucedió en 1982.

Un triunfo ante EUA el 10 de octubre nos pone en Sudáfrica y quiero destacar que en estos dificilímos tiempos en el país, estamos a punto de dar una alegría al sufrido pueblo hondureño. Es paradójico lo que vive el pueblo catracho con un increíble divisionismo debido a los problemas políticos. Las palabras golpistas y resistencia se han vuelto un cliché en todo el territorio nacional y por otro lado, pasamos un gran momento con la Selección Mayor, estamos casi en el portón de Sudáfrica, además del buen papel de selecciones menores.

Quiero hacer una recomendación a todos los hondureños: esa misma euforia con la que los hondureños defendemos nuestras posturas políticas, utilicemos los hondureños que estaremos en el estadio Olímpico el 10 de octubre ante los norteamericanos, así como defendemos nuestros ideales, así gritemos y con esa misma energía démole todo el respaldo que la Bicolor necesita.

Honduras pasa por un momento crítico en su política, economía y en general, estamos al borde del colapso en nuestra sociedad, tratando de buscar una solución a un problema provocado por el interminable hambre de poder que invade la mente de nuestros políticos que por lo que menos se preocupan es por este pueblo golpeado por la misería, la injusticia y la delincuencia.

Los hinchas de corazón pasamos pensando casi las 24 horas del día en ese encuentro trascendental. El día del juego nos despertamos ilusionados sólo imaginándonos un triunfo y hablamos todo el día de cómo podría ser una victoria, somos más matemáticos que Pitágoras en ese momento, sacando números con goles positivos y negativos, usamos nuestra mente más que cuando lo hacemos en la universidad o colegio. 

Damos tres alineaciones, pasamos cambiando tácticas y estrategias, conformamos duplas de ataque y somos especialistas en analizar las debilidades del rival. Todo eso nos da satisfacción, nos llena, pensar en cada uno de esos detalles nos hace olvidarnos por todo un día de todo los problemas que nos agobian.

Cuando comienza el partido tenemos una enorme tensión y sentimos que el corazón se nos escapa del pecho. Palpita casi como cuando fuimos a nuestra primera cita. Momentos de angustia, pero una angustia linda de sentir, nos sentimos más hondureños que el mismo indio Lempira y gritamos a los cuatro vientos ¡Honduras, Honduras! 

Toda esa gama de emociones no queremos que nada la arruine, sólo esperamos que esa felicidad no la empañe nada y por nada del mundo cambiaríamos una clasificación al Mundial. Esperemos que tanto los de la “resistencia” como los de “blanco” nos unamos ese día y gritemos a un solo tono Honduras, nos abracemos cuando se anoten los goles, no importando si quien está a la par de nosotros es un desconocido, pero es un hondureño, nacido en la misma tierra que Dios nos dio.

Reinaldo Rueda está consciente que el apoyo de la hinchada catracha será fundamental. Hagamos todo para que nuestra Bicolor sienta ese calor y respaldo que necesitan para motivarse y vencer al rival que no es nada fácil.

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