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No se borra de mi mente en mis primeros años ejerciendo como periodista allá por el reciente año 2005, específicamente en el torneo Apertura 2005-2006, cuando Wilson Palacios anotó aquel golazo a Marathón en la final y ese gol le dio el título a los albos en aquel entonces. Unos días después visitó nuestra sala de redacción para celebrar la navidad con un gorro de Santa Claus. Tampoco puedo olvidar cuando en su último torneo en Honduras, el Apertura 2006-2007, cuando le anotó aquel golazo también a Marathón, pero esta vez del torneo regular, desde el mediocampo para dejar sin aliento a Mauricio Nani. Previo al juego fui al hotel Copantl, donde se encontraban concentrados los olimpistas y “El Mago” me ayudó a hacer malabares con naranjas para preparar una de nuestras portadas. Así como tampoco se me olvida todas las veces que hablé a la oficina de su madre, doña Orfilia Palacios para buscar alguna nota exclusiva de sus hijos. No olvido sus carcajadas, sus risas y sus ocurrentes respuestas. Qué momentos esos de la familia Palacios.

Sin embargo ahora, todo cambió, el flagelo de la delincuencia le arrebató a doña “Orfe” la vida de uno de sus vástagos, Edwin Palacios, un niño de 16  años con mucha ilusión de jugar al fútbol y seguir el buen ejemplo de sus hermanos.  Aquellas risas y amenas pláticas cambiaron por llanto y desolación, no existe imagen que me partiera más el corazón que ver a doña “Orfe” llorando, implorando por su hijo, qué desgarrador. La inseguridad de este país le quitó una parte de su alma, de su vida. Ahora ya no se puede hablar con esa noble señora sin que sus lágrimas no nos conmuevan.

Wilson no es el mismo. Es notable su amargura por esa irreparable pérdida en su vida. Su actitud es diferente, su silencio es sepulcral con los medios de comunicación y qué lástima que el buen momento que atraviesa en el Tottenham, contraste con su mal momento personal y que no pueda ser compartido con sus hinchas y con quienes tanto lo admiran.

“Harry Potter” es quizás en este momento el mejor jugador del país, tiene todo lo que un entrenador pueda desear y es tan querido por los técnicos que su relación ha ido más allá de lo futbolístico.

Mientras tanto el gobierno no se ha pronunciado por este caso, ha hecho caso omiso a la situación de la familia Palacios y ese hambre de continuismo le ha hecho olvidarse del momento que atraviesa uno de los mejores embajadores en la actualidad en Honduras.

Sólo nos queda orar a Dios por esta situación en el país. Por muchas cosas que pasan, corrupción, inseguridad, terremotos y epidemias, todos los males nos están golpeando y no es posible que nuestra única anestesia (el fútbol) para este dolor, tampoco la respeten y se metan con nuestros ídolos y sus vidas.

Honduras tiene que orar por la paz en la familia Palacios, por la resignación de doña “Orfe”, porque la sonrisa vuelva a su rostro, porque sus carcajadas vuelvan a contagiarnos y porque la satisfacción de ver triunfar a su hijo en la mejor liga del mundo le den esa fuerza que ha perdido durante todos estos meses.

Wilson y familia,  sé que toda Honduras está con ustedes, y yo, así como muchos hondureños, le pediré a Dios fortaleza para ustedes, y espero que toda mi tierra lo haga también. Mi más sinceras condolencias y que el Señor les dé fortaleza.

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